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sábado, 14 de diciembre de 2019

El dolor amoroso de ‘Marriage Story’ y la infelicidad revelada de Noah Baumbach

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Noah Baumbach es uno de los más importantes directores del cine independiente estadounidense surgido a mediados de los años noventa. En una camada en la que también se dieron nombres tan importantes como Paul Thomas Anderson y Wes Anderson y Richard Linklater, Baumbach se caracterizó por un cine tendiente a la comedia intelectual y urbana, con raíces claras en la obra de Woody Allen, Robert Altman, Peter Bogdanovich y Hal Ashby entre otros. Baumbach recogió las preocupaciones de una generación que se enfrentaba al nuevo siglo, con toda la expectativa que despertaba empezar una nueva página gigante, en el contexto de un mundo que estaba cada vez más al alcance, todavía con los cimientos de una sociedad llena de viejos anhelos que se convirtieron en ruinas y todavía algunas estructuras conservadoras. ‘The Squid and The Whale’ (2005) fue la primera película que puso el nombre de Baumbach en boca de la crítica, siempre con comentarios destacados. En la década que está por terminar, entregó una filmografía especialmente sustanciosa que marcó algunos puntos de inflexión en su carrera, como ‘Greenberg’ (2010), ‘Frances Ha’ (2012) y ‘The Meyerowitz Stories’ (2017). ‘Marriage Story’ (2019), su más reciente película, no solamente cierra con broche de oro una década crucial para Noah Baumbach, sino que parece complementar la narrativa abierta catorce años atrás en ‘The Squid and The Whale’. En ‘Marriage Story’, Baumbach nos relata el proceso de divorcio entre el director Charlie (Adam Driver) y la actriz Nicole (Scarlett Johansson), una pareja prometedora de la escena teatral estadounidense. El tremendo dolor de la absurda disputa es el marco en el que se explayan las emociones más intensas y viscerales.

Baumbach expresa de forma extraordinaria el proceso de degradación de la relación, que es absorbida completamente por las pasiones beligerantes del divorcio. Nicole descubre que no es feliz con la misma intensidad de una condena perpetua. La vida familiar que pensaba era absolutamente ideal, resulta ser un inmenso artificio que no le da jamás la satisfacción como mujer y como ser humano y social. Por su parte, Charlie está tan adentrado en sí mismo y en su propia realización, con la idea firme de que su vida familiar es feliz, que no puede percibir el descomunal egoísmo con el cual ha llevado su relación. Baumbach elabora un guion impecable caracterizado por unos diálogos reveladores que nos permiten compartir los instantes precisos en los que los personajes asisten a la revelación de su propia verdad. Este tinglado se completa con total armonía de la mano de actores ya históricos que giran como satélites ante la furiosa situación que se desata. Nora Fanshaw (Laura Dern) no solamente es la abogada de Nicole, sino que resulta ser para ella un ejemplo de las posibilidades infinitas que le esperan como mujer independiente. Charlie, por su parte, tiene la contraposición del hombre rabioso y vengativo y el experto y sereno con sus dos abogados, Jay Marotta (Ray Liotta) y Bert Spitz (Alan Alda). Entonces como espectadores empezamos a comprender gradualmente que día a día rompemos el corazón de las personas que más queremos, abrumadoramente sin tener la más mínima conciencia al respecto. Podemos ver que el amor indestructible e imperecedero no resulta suficiente para alimentar los anhelos de vivir. La revelación es tan extensa que cubre toda nuestra vida, porque podemos ver a nuestros padres, a nuestros hijos y a nosotros mismos como padres y parejas. Nicole y Charlie nos permiten ver lo potente que es el deseo de libertad y lo vital que resulta sentirlo y no solo creer que existe. Robert Benton había hablado del asunto en ‘Kramer vs. Kramer’ (1978) y antes Ingmar Bergman había puesto el lente en la revelación de esa infelicidad en su incluso subestimada ‘Secretos de un matrimonio’ (1973). Estos asuntos también fueron tratados muy de cerca en el teatro por Harold Pinter en ‘Traición’ (1978), todo un clásico del teatro moderno. Noah Baumbach recoge el asunto en el momento preciso en el que se aproxima una nueva década en la que una generación vuelve a reconsiderar su propia felicidad.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La afectividad conflictiva de ‘The Meyerowitz Stories’ y la integración narrativa de Noah Baumbach

Crítica | The Meyerowitz Stories

Noah Baumbach ha sido una de las figuras más importantes en el panorama del cine independiente estadounidense durante más de veinte años. Ha logrado conseguir un espacio de reconocimiento notable con películas tan destacadas como ‘The Squid and The Whale’ y ‘Frances Ha’, por solo mencionar un par de obras de su interesante filmografía, con un cine siempre notable en lo narrativo y lo actoral, recibiendo inevitablemente la herencia de directores como Woody Allen y Robert Altman. Su más reciente película se titula ‘The Meyerowitz Stories (New and Selected)’ y para ella logró reclutar a un elenco bien nutrido, con Dustin Hoffman, Emma Thompson, Ben Stiller, Adam Sandler, Grace Van Patten, Judd Hirsch y Elizabeth Marvel, entre otros. La historia nos cuenta el reencuentro de la familia Meyerowitz alrededor de la alrededor de la celebración artística del padre, Harold (Dustin Hoffman), escultor de medianos vuelos ya prácticamente en el retiro, casado con Maureen (Emma Thompson), una hippie eterna con episodios de pánico bien ocultos y problemas de alcohol. Los primeros en llegar son Danny Meyerowitz (Adam Sandler), músico cojo casi como una metáfora de su propia carrera, y su hija Eliza (Grace Van Patten), millennial cineasta en ciernes, quienes se encuentran ya en el lugar con Jean (Elizabeth Marvel), la única hija de Harold, llena de grises y de melancolías tranquilas. Quién no acude es el ocupado Matthew (Ben Stiller), ocupado contador y hombre de negocios que parece ser el único cuerdo y exitoso en casa, al menos en apariencia. 

Inicialmente, la situación que plantea la película es todo un tema en la historia del cine, en donde la eventualidad en una familia va revelando poco a poco los conflictos que implican los lazos de sangre, con historias de larga duración que siempre están rondando en los sentimientos de las personas, llenas de heridas en muchos casos aún abiertas. Por supuesto, la comedia aquí lo revela con una serie de situaciones incómodas que se van acrecentando poco a poco. Baumbach va acumulando progresivamente estos vínculos entre estos personajes que se suman, de tal forma que muy eficientemente pronto conseguimos un escenario que gira en torno a un padre totalmente atípico como lo es Harold. La construcción episódica configura un orden particular, en donde se disecciona casi de forma quirúrgica la entraña de esta familia realmente dispersa. Baumbach utiliza conceptos de edición que permiten que el corte en momentos inesperados genere más recordación y sobre todo más impacto emocional, específicamente en el género de la comedia. Stiller y Sandler en los papeles de Matthew y Danny, establecen una relación que resulta muy efectiva para este tipo de películas, con interpretaciones llenas de detalles brillantes, muy probablemente de improvisación. En diferentes niveles, se incluyen críticas generacionales que caben muy bien en un retrato familiar, desde la autosatisfacción ególatra de los baby boomers hasta la superficialidad desquiciada de los millennials, pasando por el resentimiento permanente de la generación X. 

‘The Meyerowitz Stories’ es una película que funciona en dos niveles de interpretación que son igualmente válidos. Puede considerarse que se va abriendo narrativamente, exponiendo la realidad progresivamente o también puede decirse que va yendo poco a poco al fondo de la emoción particular de cada personaje, que finalmente va exponiendo su propia verdad de forma incluso muy pública. Noah Baumbach nos revela los asuntos profundos de la afectividad, especialmente los familiares, llenos de impactos personales e históricos que terminan siendo obstáculos en la vida de cada quien. La expiación y el perdón se vuelven necesarios, incluso para quienes se resisten a los sentimentalismos. La presencia de la comedia nos permite verlo con la distancia suficiente para comprender perfectamente cuáles son las verdaderas causas y consecuencias de una situación que en realidad es común para cualquiera.