jueves, 28 de septiembre de 2017

El destiempo de ‘It’ y la escasez de Andy Muschietti

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Una de las películas más esperadas del verano, al menos durante el final de la temporada, ha sido ‘It’, de Andy Muschietti. El regreso del recordadísimo Pennywise, el diabólico payaso creado por Stephen King en su universo literario terrorífico, que marcó a toda una generación con la interpretación muy notable del emblemático Tim Curry, en la adaptación televisiva dirigida por Tommy Lee Wallace y que inauguró el horror generacional de los años noventa. La reconstrucción de esta década se le encargó a Andy Muschietti, quien mostró interesantes maneras en el género con su ópera prima ‘Mamá’ (2013), bendecida (o maldecida para estar acordes con el género) por el mismo Guillermo del Toro, de cuya reputación en estos géneros todos sabemos bien. La expectativa que se creó fue en realidad bastante grande, con vistazos constantes de todo el proceso de construcción de la película hasta que finalmente la tenemos abundantemente en las salas de cine de todo el mundo. La historia se da en Derry, un pequeño pueblo en el estado de Maine, presumiblemente al sur de los Estados Unidos. Los hermanos Denbrough trabajan en la construcción de un barco de papel, con cierta sofisticación, en un día de lluvia intensa. Bill está bastante enfermo como para jugar y probar la embarcación, así que la tarea de hacerlo le corresponde al pequeño Georgie, quien no puede evitar que el barquito desemboque accidentalmente en las alcantarillas, donde se encontrará él y todos nosotros con el irresistible Pennywise, un payaso que reside, desde todos los puntos de vista, en las profundidades.

La película de Muschietti vuelve a sacar de la veta de los ochenta, que tanto está engordando las arcas de Hollywood, ya sea en el cine o en la televisión, con remakes, reboots o recreaciones simuladas de aquella estética preadolescente y adolescente que tanto recuerda la generación que hoy paga mayoritariamente las entradas al cine y las suscripciones televisivas. En cuanto a las convenciones del género, también es claro que Muschietti las conoce y, como buen alumno, sabe aplicarlas como si siguiera un manual, con un monstruo potente frente a niños vulnerables y llenos de conflictos en un entorno inasible, difuso, agobiante. Pareciera con estos ingredientes que todo fuera esplendor y estuviéramos ante un clásico del horror para esta generación. Lamentablemente, las cosas no son así porque Muschietti es escaso, es anodino, no tiene pegada, como se le diría a los boxeadores. Podemos avisorar la profundidad de sus planteamientos, pero solo desde la cima del pozo. Con una pésima medida de los tiempos, indispensables en el terror, los sustos son predecibles, las sorpresas no espantan, los dardos vuelvan por los lados del tablero del tiro al blanco. No hay medida, no hay precisión, todo es destiempo. Lo más preocupante es que esta deficiencia, esta enfermedad que carcome a toda la película, como si el mismo payaso se los estuviera devorando, viene desde el mismo guion, está enquistada en los propios huesos de la película. La clave para acabar con Pennywise puede deducirla hasta el pequeño Georgie. Si solo el payaso hubiera sido tan predecible como este guion…

Sin embargo, todo en el cine tiene uso, todo es aprovechable, todo aporta aunque no aporte. En este caso, es un ejemplo casi inmejorable de que no basta con recurrir a las fórmulas preestablecidas, a los cánones que han demostrado funcionar durante décadas y décadas. El dominio de las herramientas teóricas es fundamental, pero ellas no funcionan por arte de magia. Por suerte, el cine sigue siendo un arte y en ese contexto la humanidad, expresada a través de la creatividad y la imaginación, sigue siendo el valor más importante. Esta ‘It’ no nos asusta, así que Pennywise es inofensivo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

La sofisticación de 'The Beguiled' y la cima de Sofia Coppola


Sofia Coppola ha tenido una carrera simultáneamente particular y frecuente en el mundo del cine. Hija de su prominente y preclaro padre, todo un prócer en la historia del cine, Francis, creador de algunas de las obras más importantes del Séptimo Arte. Sin embargo, Sofia ha sabido cargar con este peso del apellido, evidentemente muy estimable. Para contrarrestarlo, una de las mejores acciones que ha tenido es la de diversificar sus apuestas, adentrándose en diversas tareas de la labor cinematográfica. Desde sus cameos en los celebérrimos Godfathers de su padre, pasando por sus esfuerzos en la producción, incluyendo sus aciertos en el guion (que incluso le valieron ya un premio Óscar), hasta su consolidación como directora, que sin duda se da con su más reciente película, The Beguiled. Para ello, decidió adaptar la novela ‘A Painted Devil’, de Thomas P. Cullinan, integrante del célebre subgénero de la novela gótica sureña, nutrido por históricos de la literatura estadounidense como Faulkner, Capote y Tennessee Williams. También reclutó un elenco muy destacado e intergeneracional, como lo reclama la historia, con Colin Farrell, Nicole Kidman, Kirsten Dunst y Elle Fanning. También podría considerarse esta película como un remake de la adaptación de 1971, dirigida por Don Siegel, quien para el reparto eligió a su fetiche Clint Eastwood para encabezar un reparto en donde también se encontraban Geraldine Page y Elizabeth Hartman. Una película sin duda menos visible que esta de Sofia Coppola.

‘The Beguiled’ está contextualizada en la Guerra de Secesión norteamericana, específicamente en el sur, en una casa en donde la pedagógica Miss Martha (Nicole Kidman) tiene bajo su cuidado a siete mujercitas que representan diferentes estados del desarrollo femenino, desde la niñez más tierna hasta la juventud algo desacelerada de Edwina (Kirsten Dunst), pasando por la ebullición adolescente de Amy (Elle Fanning). Una sinfonía de femineidad en un marco resplandeciente, con la luz del sol sureño se cuela entre las ramas de los árboles del gran jardín, mientras las bombas resuenan a la distancia, como si esta fuera una cápsula atmosférica. Inmediatamente viene a la memoria Days of Heaven, de Terrence Malick (1978), llena también de este clima embriagador y sensitivamente onírico. Todo empieza con la pequeña Amy (Oona Laurence) se encuentra un yanqui tirado en el piso, el cabo McBurney (Colin Farrell), un animal salvaje herido y por supuesto exótico en este medio. Convertida en bastón, lo lleva hasta la casa y allí Miss Martha decide darle asilo, recurriendo a sus responsabilidades de católica muy practicante. Por supuesto, la presencia de esta fuente desbordante de testosterona genera una reacción biológica incontrolable en este grupo humano que parece una ilustración decimonónica del desarrollo femenino. El animal tiene grandes poderes de seducción, está herido y reconoce muy bien las hormonas circundantes. Ahí es donde empieza la expansión de esta nube deliciosa de sensaciones, detallada muy sofisticadamente por una Sofia Coppola incisiva, observadora, que sabe de manos que se tocan, de roces, de miradas, de tensiones eróticas, en una disposición de manada salvaje. Las tensiones se transforman, los silencios se extienden, las ansiedades crecen, las incomodidades se fortalecen, el deseo y la vergüenza luchan sin descanso en el interior de los sexualizados. La animalidad agita las respiraciones y los riesgos son invisibles para todos. Las risas y risitas de los espectadores se van transformando emocionalmente en la sala de cine y son un deleite para quien vive la experiencia colectiva.

La mejor película de la Coppola. Lost In Translation (2003) está lejos de su complejidad. También Marie Antoinette (2006) está fuera de sus alcances. Más cincelada que Somewhere (2010). El cine de Sofia ya tocó alturas Coppola. 

martes, 12 de septiembre de 2017

La dinámica de 'Logan Lucky' y la habilidad coral de Steven Soderbergh


Steven Soderbergh ha desarrollado una carrera notable durante los últimos 30 años. Sus thrillers corales de diferentes matices genéricos han logrado quedarse en la memoria de los cinéfilos seguidores del cine estadounidense diferenciado de los blockbusters sin ser necesariamente independientes. El cine de Soderbergh siempre se ha caracterizado por los grandes repartos y las tramas bien elaboradas. Afortunadamente, ahora podemos disfrutar de su más reciente largometraje, ‘Logan Lucky’, después de haber anunciado su retiro. Uno de esos casos en los cuales nos alegramos de que la gente no cumpla con su palabra. Para ‘Logan Lucky’, Soderbergh de nuevo echa mano de un excelente reparto, conformado por nombres bien reconocidos como Channing Tatum, Adam Driver, Daniel Craig, Seth McFarlane, Riley Keough, Katie Holmes y Hillary Swank, entre otros. Nos cuenta la historia del ciertamente no muy afortunado Jimmy Logan (Channing Tatum), quien prácticamente sin trabajo, familia ni conciencia, decide adelantar un robo sin duda audaz en la pista de automovilismo de Charlotte. Para esto recluta a su hermano Clyde (Adam Driver), veterano manco de la guerra en Irak y a su atractiva y obediente hermana Mellie (Riley Keough, la mismísima nieta de Elvis). También integra al desquiciado Joe Bang (Daniel Craig), muy eficiente con asuntos científicos, a quien deben sacar de la cárcel.

Como uno de los mejores exponentes de lo coral en el cine, Soderbergh sabe poner a girar estos planetas como si fuera el hábil payaso que pone a girar discos simultáneamente sobre unas cuantas varas. En esta película construye un planteamiento sólido que va alimentando gradualmente con presencias bien reconocibles, como puede suponerse. El mecanismo nos permite seguir de cerca al protagonista de esta tragicomedia clásica, thriller cómico moderno, desde la sencilla y entrañable relación con su hija y empezando inmediatamente un recorrido que lo lleva por sus desgracias y sus decisiones, desde las que le plantean la propia miseria de su vida como nuevo desempleado padre distante por obligación, hasta aquel que siente las pulsiones irresistibles de quebrar la ley y reestablecerse frente a un sistema que lo ha condenado de forma injusta. Soderbergh sabe también hacernos inolvidables a sus personajes, marcándolos para hacerlos visibles a millas de distancia. Así es como, además del frustrado jugador del fútbol americano que es el protagonista, tenemos a su hermano el amputado del brazo y casi de la voz que es su hermano Clyde, a su hermana Mellie, preciosa en el silencio, al siempre vibrante Joe Bang y a varios más que pintan este paisaje humano muy familiar para los retratos de un Estados Unidos auténticamente profundo.  Por supuesto, todo sostenido por una trama que funciona sólidamente, escrita por Rebecca Blunt, un seudónimo del cual no sabemos aún su verdadera identidad.

Logan Lucky no tiene las mejores pretensiones del cine de Steven Soderbergh. No tiene condena existencial de su oscarizado Traffic (2000), ni la espectacularidad técnica de sus “Oceans”, ni la intensidad de su ya clásico Sexo, Mentiras y Video (1989) o los intereses sociales, políticos o económicos de su detallada Che: el argentino o Erin Brockovich (2000). Sin embargo, Logan Lucky tiene todo lo que caracteriza al cine de Soderbergh y no deja de poner algún acento en las relaciones humanas, sin que sea especialmente profundo. Puede ser que la película incluso peque de superficial, pero está muy lejos de no pagar con creces la entrada a la sala, donde sin duda se puede disfrutar en su esplendor narrativo, de edición y de guion, de drama y de experiencia, como es característico en Soderbergh, un director que tal vez nunca vuele muy alto pero sí muy lejos.