jueves, 20 de agosto de 2026

El hombre desenmascarado de ‘Un hombre y una mujer: 20 años después” y la mujer fatal de Claude Lelouch


En los años 80, ya con la Nueva Ola Francesa diluida hace unos cuantos años, los cineastas franceses recogían aquella herencia o ellos mismos exploran terrenos nuevos y mucho más personales que producto de una colectividad manifiesta. Por supuesto, Claude Lelouch, después de haber instalado en plenos años sesenta la primera entrega de la trilogía de ‘Un hombre y una mujer’ (1966), veinte años después reencontraba a Anne (Anouk Aimèe) y Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant), la pareja de viudos que se enamoraron a través de sus hijos pequeños, se reencuentran para continuar la historia que ahora sabemos que quedó inconclusa. Anne es ahora no solamente una actriz sino además una consolidada productora de cine. Mientras tanto, él sigue siendo un piloto de carrera, pero además es el entrenador de otros pilotos más jóvenes, entre ellos su propio hijo. Anne considera aquella historia indeleble de veinte años atrás puede ser un sustento importante para la película que está filmando, que a su parecer está todavía bastante desabrida para los estándares del interés que podría generar en el público, así que se decide a contactar a Jean-Louis para contar con su anuencia para llevar la historia al cine. 

Lelouch abre tres frentes diferentes entre los cuales la película estará moviéndose constantemente. La realidad consciente del presente, en la cual se estarán encontrando los dos antiguos amantes, el de la ficción misma de la película, en la que se recrea la historia de veinte años atrás, y la memoria constante del pasado que se reaviva fácilmente después del reencuentro y se contrasta con los hechos que trae de nuevo la película misma. Lo que se devela dolorosamente por parte de Anne es que el amor para ella no ha terminado, y el distanciamiento fue especialmente doloroso, lo cual se combina por una alegría natural por el reencuentro. Mientras tanto, Jean-Louis está en una relación con una mujer mucho más joven de él, pero abiertamente se entrega a la infidelidad y el acceso a retomar la relación íntima con Anne. Esto lo convierte pronto en la víctima fatal del dolor profundo y los celos suicidas y homicidas de su pareja actual. La película que se filma recuerda ‘Los paraguas de Cherburgo’, de Jacques Demy y ‘Con M de Muerte’, de Alfred Hitchcock. En el trasfondo existe una referencia y una autorreferencia cinematográfica y después, con los diferentes escenarios dramáticos en los que se mueve la película, se genera un contexto que es eficiente en cuanto a construir el escenario de dos vidas que se reencuentran y descubren que están bastante distantes ahora de la realidad del otro, lo cual es doloroso, a pesar de la sensación afecto persistente. 

Tras la segunda entrega de la trilogía, Lelouch demuestra que el cine francés se había transformado radicalmente después de la etapa de la Nueva Ola Francesa tras las décadas de los años sesenta y setenta. La historia interrumpida a lo largo de los años, entre Anne y Jean-Louis, plantea también una realidad concreta sobre los efectos de la memoria en la vida transversal de las personas y sus vínculos, algo que es fácilmente rastreable en la experiencia relacional entre millones de seres humanos. La huella profunda en la sensibilidad y los efectos que produce la reactivación consciente de los vínculos que fueron especialmente sensibles en la vida de cada quien. Este es un aporte especialmente interesante en las capacidades del mismo cine para expresar fenómenos humanos que son concretos y 

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