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sábado, 28 de diciembre de 2019

La nueva piel de 'Star Wars: The Rise of Skywalker' y la última hora de J.J. Abrams

















Cuando apareció ‘Star Wars’, en 1977, el negocio del cine a nivel mundial se rompió en dos de forma histórica. En el marco del neoliberalismo, aparecieron gigantescas corporaciones conocidas como blockbusters que en forma de franquicias multiplataforma se convirtieron en un pulpo gigantesco y voraz que generó el replanteamiento de todo tipo de proyecto cinematográfico en el mundo. En esta década repleta de blockbusters de superhéroes, ‘Star Wars’ ha pretendido instalarse en los nuevos imaginarios generacionales con la transición de sus héroes clásicos y continuando la extensa saga que ya abarca más de cuatro décadas. La última entrega, de al menos la más reciente trilogía, se titula ‘The Rise of The Skywalker’ (2019) y cierra el recorrido heroico de Rey (Daisy Ridley) la heroína que ha sido elegida para conservar la leyenda de los Jedi, desde su posición de recicladora en las profundidades más rudas de la galaxia. El regreso del histórico emperador Palpatine (Ian McDiarmid), obliga a la nueva generación de la resistencia, ahora comandada por la princesa Leia Organa (Carrie Fisher), a enfrentar de nuevo a Kylo Ren (Adam Driver), en la batalla definitiva entre el bien y el mal, entre los Jedi y los Sith. Rey estará acompañada en la aventura por los ya instalados Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), con el agregado de los históricos Chewbacca (Joonas Suotamo) y C-3PO (interpretado desde 1977 por Anthony Daniels).

Abrams fue el encargado de abrir la nueva trilogía con ‘The Force Awakens’ (2015), en donde emuló evidentemente la originalísima ‘A New Hope’ (1977) y ahora tiene la misión fundamental de cerrar el recorrido de Rey, al aterrizar por fin esa historia sobre su pasado que siempre estuvo sobrevolando por aleatoriamente durante toda la trilogía. Abrams es un conocedor del género y de la saga, no solamente como cineasta sino auténtico fan. Dirigió dos de las nuevas películas de ‘Star Trek’, además de las dos de ‘Star Wars’, pero su cercanía con el tono preciso de la construcción original de Lucas e incluso del familiar Spielberg de los ochenta, como se pudo percibir en ‘Super 8’ (2011), quizá su mejor película. La desproporción reinante en esa trama crucial con respecto al pasado de Rey, obliga a que Abrams y Chris Terrio como guionistas, tienen la tarea de culminar un asunto que apenas se ha insinuado y que lamentablemente debe resolverse con diálogos de los actores, sin tiempo suficiente para que la trama misma y las acciones develen el misterio siempre latente. Desde el punto de vista de la dirección, la visión experta en el asunto de Abrams parece resolver algunos apuros de un asunto que debe terminar pronto, incluyendo además a todos aquellos personajes nuevos que se requieren para alimentar la maquinaria de la franquicia para la próxima década. Abrams abusa en varias ocasiones de la reaparición de los espíritus que siempre fueron todo un asunto de plena trascendencia y emoción en la sala de cine, aquí se convierte en un evento consuetudinario que hace que la muerte pierda trascendencia. Ya estarán todos ellos como espectros aconsejando a sus herederos en la aventura. Toda esta nueva piel que se instaló precisamente en ‘The Return of The Jedi’, por Rian Johnson, requiere ahora del regreso a la casa, en busca de los padres, para que ellos los orienten y les digan lo que tienen que hacer, les diga otra vez por dónde es el camino, cuál era la lección, para que busque y encuentre por ellos, para que otra vez les dé la mano y les ayude a cruzar la calle. Esta nueva piel vuelve a ser la de los niños, finalmente dependientes de sus padres para enfrentar al mundo. Los padres muertos deben volver de su merecido descanso en la eternidad de los héroes para hacerles la tarea el domingo en la noche. Abrams parece ser el indicado para que los viejos héroes vuelvan a tomar las riendas que sus hijos no pueden controlar. Generacionalmente, no parece muy halagüeño que la nueva sangre de ‘Star Wars’ luzca tan inútil frente al futuro. No está mal en realidad pedir consejo, pero aquí es como si los padres soplaran en el oído de los niños para que pasen el examen de una vez porque nos vamos de vacaciones.

sábado, 2 de junio de 2018

El western millennial de ‘Solo: A Star Wars Story’ y la cohesión generacional de Ron Howard

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Las películas de Star Wars no paran en su esfuerzo por integrarse a la más reciente oleada de blockbusters comandada por los superhéroes. Ya han iniciado una tercera trilogía y además han lanzado un par de películas individuales de momentos independientes en la mitología estelar. La primera fue la interesante ‘Rogue One: A Star Wars Story’ y la segunda es ‘Solo: A Star Wars Story’, que actualmente está en las carteleras y cuenta el surgimiento de Han Solo y Chewbacca, la histórica dupla que pilotea el Halcón Milenario, la nave emblemática de la resistencia en este universo. Han (Alden Ehrenreich) es un ladrón en la industrial y segregada Corellia, acompañado por su amante, la entusiasta Q’ira (Emilia Clarke), siempre en la búsqueda de contrabandear y vender al mejor postor, incluso con deudas que lo obligan a escapar, traumáticamente dejando atrás a su amante. En su intención de entrenarse como piloto imperial, se encuentra con un equipo de mercenarios de gran escala que finalmente decide invitarlo tras encontrarte con Chewbacca (Joonas Suotamo), inseparable hacia el futuro. Las dificultades surgirán cuando los sindicatos criminales ejerzan su control fáctico sobre el negocio contrabandista. La resolución de estos asuntos dejará a Han Solo y Chewbacca, dos miembros de la histórica resistencia, de cara al futuro rebelde, que para nosotros los espectadores es la leyenda.

Para esta película, la dirección se ha dejado en manos del experimentado Ron Howard, ganador del premio Óscar y firmante de varias películas fácilmente memorables, como ‘Cocoon’, ‘Willow’, ‘Apollo 13’, ‘A Beautiful Man’ (con la que ganó el Óscar), ‘Frost/Nixon’ y varias más. Howard ha sabido conectar especialmente con diversas generaciones, logrando comprender como pocos la importancia de los clásicos de género, que comprende culturalmente el impacto de los clásicos en cada década y además sabe bien conectar con el público, consigue efectos positivos en la taquilla (aunque al parecer esta película no ha respondido de la forma esperada en ese aspecto). Howard es un cineasta con credenciales y que funciona bien para darle impulso a los nuevos intentos de una saga que transformó el mundo del cine hace ya más de cuarenta años. Intentos para entrar al mundo de esta generación, al mundo millennial. Lamentablemente es difícil derribar el muro que han construido las interminables películas de superhéroes.

‘Solo: A Star Wars Story’ decide entrar en los terrenos siempre acogedores del western, para construir la épica individual de este personaje que hace parte de la cultura colectiva del occidente cinematográfico. El western que se ha encargado de narrar la construcción de las profundidades estadounidenses y que aquí de nuevo es el método para narrar la historia de un prócer generacional. La película recaba incluso en la trascendental ‘Asalto y robo de un tren’, de Edwin S. Porter, la precursora del montaje paralelo. Después están las reuniones entre hombres de barba áspera que tanto inmortalizó el inmenso Sergio Leone y que aquí Howard representa con su objetivo generacional. El guion es firme en las tramas y en el entresijo de pasiones diversas, con los bares ya western repletos de extraterrestres embriagándose que Lucas planteó desde el comienzo. La confrontación es el corazón de esta película, en donde la aventura se enmarca en propósitos que van pasando gradualmente de individuales a colectivos. La música de nuevo es una marca indeleble, mientras que el diseño de producción, polvoso y oxidado, hacen que todo pueda ser captado con naturalidad por el espectador. Estratégicamente, la integración de Emilia Clarke, la estrella de ‘Game Of Thrones’, trae un público esencialmente millennial al cual se le premia con escenas claramente referenciales a episodios de aquella serie. De la misma forma, resulta interesantemente vinculante con esta generación el cada vez más integrado mundo entre el hombre y la máquina, con escasa humanización al menos en lo formal, explorando incluso las posibilidades de los vínculos amorosos. Todo será interesante para el espectador más que para el presente.