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jueves, 15 de mayo de 2025

La guerra mitológica de ‘Star Wars: una nueva esperanza’ y la contrarrevolución corporativa de George Lucas


Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Hollywood se convirtió en una de las principales puntas de lanza de Estados Unidos de cara al dominio imperial del mundo. Sin embargo, aquella generación del Hollywood Clásico se apagaría hacia mediados de los años sesenta, para darle el paso al Nuevo Hollywood, que venía a replantear todo el escenario autoral de la Meca del cine con ideas recogidas de las vanguardias europeas, aún vigentes entonces muchas de ellas, y la propia influencia de los grandes autores surgidos en medio de la maquinaria hollywoodense. De aquella generación extensa de cineastas, emergió George Lucas, quien ya había dejado ver algún interés por los géneros fantásticos y específicamente por la ciencia ficción con ‘THX 138’ (1971) y había creado un precedente de la adolescencia gringa sesentera con ‘American Grafitti’ (1973). Sin embargo, era una figura silenciosa atrás de Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y mucho más detrás de Sam Peckinpah o John Cassavetes. El Nuevo Hollywood había replanteado el cine en los estudios y se había trasladado al retrato de los outsiders batiéndose incluso a muerte frente al “american way of life”. Hacia la segunda mitad de los setenta, Estados Unidos pisó el acelerador del neoliberalismo para definir la Guerra Fría. Las corporaciones se hicieron descomunales y Hollywood, por supuesto, no fue la excepción. Los estudios lanzaron los blockbusters, películas planeadas como franquicias para multiplicar extraordinariamente los ingresos. Todo empezó con ‘Star Wars: una nueva esperanza’ (1977), el descomunal proyecto de George Lucas, aquel tímido integrante del Nuevo Hollywood, quien fundado en la mitología clásica y las teorías del viaje del héroe de Campbell había preparado todo un universo ideal para crear personajes, merchandising, ropa y todo un culto de fanáticos. En ‘Star Wars: una nueva esperanza’, Lucas recoge del pueblo raso de una tierra bajo la dictadura del Imperio a Luke Skywalker (Mark Hamill). Un joven granjero y mecánico de robots, quien es el elegido para salvar de la extinción a todo un culto de guerreros trascendentes: los Jedi, esencia de la resistencia rebelde. Todo cambia cuando llegan a su taller C3PO (Anthony Daniels) y R2D2 (Kenny Baker), dos robots que traen un mensaje vital de la princesa Leia Organa (Carrie Fisher) y sobre todo unos planos detallados de la Estrella de la Muerte, la inmensa estructura matriz del poder dictatorial. El envío está dirigido al viejo jedi Obi-Wan Kenobi (Alec Guinness), la última esperanza para salvar a la resistencia, un conocido cercano de Luke. A partir de aquí, la persecución del Imperio, en cabeza de Darth Vader (David Prowse y James Earl Jones en la voz), sobre la célula rebelde, que a su vez se adentra en la boca del lobo para cumplir el plan maestro de destruir la Estrella de la Muerte. 

‘Star Wars: una nueva esperanza’ paradójicamente surge de la naturaleza propia del Nuevo Hollywood pero como una disidencia de aquella revolución para sentar las bases de la hegemonía misma en Hollywood. Una hegemonía como nunca antes se había conocido en el mundo del entretenimiento y con una saga que inauguraría un mundo especialmente corporativo en el cine. En ‘Star Wars’, Lucas recurre a la reinvención de los géneros y sus personajes, sus héroes, son toda una colección de outsiders que inmediatamente se perciben coleccionables. Todas estas características unificaron la inmensa diversidad del Nuevo Hollywood por mucho tiempo, y Lucas las tomó para la disidencia de aquella vanguardia, para la fundación de toda una contrarrevolución sincronizada con el auge de capitalismo salvaje de Estados Unidos por aquel entonces y de cara a los años ochenta. La aventura de Star Wars se ciñe también a los principios clásicos del mito, en el contexto de una guerra apenas en etapa embrionaria. En este caso, Luke Skywalker, el elegido en medio del pueblo para salvar al pueblo, también tiene a sus padres adoptivos (como Cristo), y en las circunstancias culturales y políticas descritas en Estados Unidos, se erige fácilmente como toda una pieza de propaganda para la superación personal, fundamental en el discurso neoliberal. Un personaje inconscientemente parte de la realeza, que está destinado a liderar a todo un pueblo como representación de unos principios rectores antiguos y conservadores. Más allá de todo esto, la inmensa tarea creativa de George Lucas estaba por abrir el panorama de una industria descomunal, apabullante y capaz de todo. 


sábado, 28 de diciembre de 2019

La nueva piel de 'Star Wars: The Rise of Skywalker' y la última hora de J.J. Abrams

















Cuando apareció ‘Star Wars’, en 1977, el negocio del cine a nivel mundial se rompió en dos de forma histórica. En el marco del neoliberalismo, aparecieron gigantescas corporaciones conocidas como blockbusters que en forma de franquicias multiplataforma se convirtieron en un pulpo gigantesco y voraz que generó el replanteamiento de todo tipo de proyecto cinematográfico en el mundo. En esta década repleta de blockbusters de superhéroes, ‘Star Wars’ ha pretendido instalarse en los nuevos imaginarios generacionales con la transición de sus héroes clásicos y continuando la extensa saga que ya abarca más de cuatro décadas. La última entrega, de al menos la más reciente trilogía, se titula ‘The Rise of The Skywalker’ (2019) y cierra el recorrido heroico de Rey (Daisy Ridley) la heroína que ha sido elegida para conservar la leyenda de los Jedi, desde su posición de recicladora en las profundidades más rudas de la galaxia. El regreso del histórico emperador Palpatine (Ian McDiarmid), obliga a la nueva generación de la resistencia, ahora comandada por la princesa Leia Organa (Carrie Fisher), a enfrentar de nuevo a Kylo Ren (Adam Driver), en la batalla definitiva entre el bien y el mal, entre los Jedi y los Sith. Rey estará acompañada en la aventura por los ya instalados Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), con el agregado de los históricos Chewbacca (Joonas Suotamo) y C-3PO (interpretado desde 1977 por Anthony Daniels).

Abrams fue el encargado de abrir la nueva trilogía con ‘The Force Awakens’ (2015), en donde emuló evidentemente la originalísima ‘A New Hope’ (1977) y ahora tiene la misión fundamental de cerrar el recorrido de Rey, al aterrizar por fin esa historia sobre su pasado que siempre estuvo sobrevolando por aleatoriamente durante toda la trilogía. Abrams es un conocedor del género y de la saga, no solamente como cineasta sino auténtico fan. Dirigió dos de las nuevas películas de ‘Star Trek’, además de las dos de ‘Star Wars’, pero su cercanía con el tono preciso de la construcción original de Lucas e incluso del familiar Spielberg de los ochenta, como se pudo percibir en ‘Super 8’ (2011), quizá su mejor película. La desproporción reinante en esa trama crucial con respecto al pasado de Rey, obliga a que Abrams y Chris Terrio como guionistas, tienen la tarea de culminar un asunto que apenas se ha insinuado y que lamentablemente debe resolverse con diálogos de los actores, sin tiempo suficiente para que la trama misma y las acciones develen el misterio siempre latente. Desde el punto de vista de la dirección, la visión experta en el asunto de Abrams parece resolver algunos apuros de un asunto que debe terminar pronto, incluyendo además a todos aquellos personajes nuevos que se requieren para alimentar la maquinaria de la franquicia para la próxima década. Abrams abusa en varias ocasiones de la reaparición de los espíritus que siempre fueron todo un asunto de plena trascendencia y emoción en la sala de cine, aquí se convierte en un evento consuetudinario que hace que la muerte pierda trascendencia. Ya estarán todos ellos como espectros aconsejando a sus herederos en la aventura. Toda esta nueva piel que se instaló precisamente en ‘The Return of The Jedi’, por Rian Johnson, requiere ahora del regreso a la casa, en busca de los padres, para que ellos los orienten y les digan lo que tienen que hacer, les diga otra vez por dónde es el camino, cuál era la lección, para que busque y encuentre por ellos, para que otra vez les dé la mano y les ayude a cruzar la calle. Esta nueva piel vuelve a ser la de los niños, finalmente dependientes de sus padres para enfrentar al mundo. Los padres muertos deben volver de su merecido descanso en la eternidad de los héroes para hacerles la tarea el domingo en la noche. Abrams parece ser el indicado para que los viejos héroes vuelvan a tomar las riendas que sus hijos no pueden controlar. Generacionalmente, no parece muy halagüeño que la nueva sangre de ‘Star Wars’ luzca tan inútil frente al futuro. No está mal en realidad pedir consejo, pero aquí es como si los padres soplaran en el oído de los niños para que pasen el examen de una vez porque nos vamos de vacaciones.

jueves, 21 de diciembre de 2017

La misión de Rian Johnson y por qué ‘The Last Jedi’ es la mejor película de ‘Star Wars’ desde ‘The Empire Strikes Back’


Hollywood se transformó por completo cuando apareció la primera película de ‘Star Wars’ en 1977, hace ya 40 años. La película de George Lucas redirigió por completo el mundo del cine y empezó a crear imaginarios culturales muy poderosos que representaron prácticamente un nuevo modelo en el sistema del cine comercial estadounidense. Desde hace un par de años, la franquicia se embarcó en una nueva trilogía con miras a insertarse en el mundo actual, determinado en gran parte por la tecnología y controlado en el consumo en esta caso por los millennials y este año en particular ha lanzado ‘Star Wars: The Last Jedi’, el segundo episodio formal de la nueva aventura (tras la interesante ‘Rogue One’) y la tarea fue encomendada a Rian Johnson, un director con alguna experiencia exitosa en el cine independiente y algo más en la televisión. La película retoma la reiniciación de la resistencia tras la baja de Han Solo y la puesta de las fichas en el tablero con dos personajes claramente puestos en contraposición reactivando las filas del lado oscuro y la fuerza rebelde con Kylo Ren (Adam Driver), el hijo de Solo y Leia (con Carrie Fisher de regreso) y Rey, la versión actualizada del elegido Luke Skywalker (Mark Hamill). La generala Leia Organa está al frente y enfrenta a su propio hijo, al mando de los ejércitos y controlado furiosamente por el truculento Snoke (Andy Serkis). 

La misión encomendada a Rian Johnson no fue nada sencilla, especialmente para alguien como él que no representa una figura reconocida en el mundo del cine. Sin embargo, Johnson se decidió a construir un entramado que le permitiera dejar la saga restaurada y fresca de cara al futuro. Eso fue precisamente lo que consiguió. Separó al grupo en varios subgrupos con misiones diversas. Por una parte, el exsoldado imperial Finn emprende la aventura en pos de su propio esfuerzo ante la Primera Orden y para esto se acompaña de la encantadora Rose (Kelly Marie Tran). Leia se acompaña de C-3PO, la vicealmirante Holdo (una preciosa Laura Dern) y Poe (Oscar Isaac) el incontenible y diestro piloto que lidera las naves rebeldes, siempre acompañado por BB8. Por supuesto, Rey (Daisy Ridley) adelanta la tarea de repatriar a Luke en compañía de Chewbacca y R2D2. En el lado oscuro se enlistan Kylo Ren, la capitana Phasma (Gwendoline Christie) y el general Hux (Domhnall Gleeson). Para resolver el asunto de los Jedi, los desmitificó utilizando a Luke (sin duda una apuesta colosal y riesgosa) para trascenderlos al mismo tiempo, incluso involucrando a Yoda. Para confrontar a los dos nuevos poseedores de la fuerza, utilizó un recurso de montaje que permite representar eficientemente la conexión psíquica e incluso la ubicuidad. Los giros argumentales son usualmente sorpresivos y progresivamente más emotivos. La película rehúye al sentimentalismo, al apego y se decide a dar un paso, a dejar en lo más alto a los mitos y hacer evolucionar a la nueva civilización creada. También logra definir el mundo de Star Wars y crear así incluso tipos de personajes, logrando que la nueva generación se alimente de diferentes personajes históricos como Solo, Luke, Leia, Vader, Obi Wan, Yoda y demás en nuevas configuraciones que viven genética y dramáticamente por ellos. Con gran destreza, emocionando con grandes recursos fílmicos que no se soportan funcionalmente en los efectos y con posturas genuinas, Rian Johnson logró abrir descomunalmente la perspectiva de la saga que dividió en dos la historia del cine comercial.

Esta es una película que tiene relaciones verticales profundas con la primera trilogía de George Lucas, que logra construir una horizontalidad coherente y que proclama la vista al futuro con los pies en el presente. Rian Johnson logró dejar muy en alto el pasado y simultáneamente plantear un futuro promisorio para la franquicia. Se diferenció notablemente de la plaga de blockbusters de superhéroes y de paso puso en evidencia la pereza y superficialidad críticas del espectador comercial contemporáneo.