Mostrando las entradas con la etiqueta 2013. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 2013. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de abril de 2024

El Cornetto apocalíptico de ‘The World’s End’ y la ciencia ficción cómica de Edgar Wright


Seis años después de ‘Hot Fuzz’ (2007), la segunda parte de la “trilogía Cornetto”, Edgar Wright había participado como guionista en la famosa colección ‘Grindhouse’ (2007) y había lanzado ‘Scott Pilgrim vs. The World’ (2010), uno de los títulos más celebrados de su filmografía. Ya muy bien posicionado como una voz de autor reconocible en el cine comercial, Wright cerró la “trilogía Cornetto” con ‘The World’s End’, para la cual volvió a reunir a la pareja irrompible de hermanos en “bromance”, interpretados por Simon Pegg y Nick Frost. ‘The Word’s End’ se centra en Gary King (Pegg), el líder de una vieja pandilla de Generación X, que en su soledad e incapacidad de adaptarse a cualquier camino en su vida, decide convocar a los viejos amigos de sus años más salvajes en la juventud, para completar el desquiciado recorrido por una serie de pubs, que en sus años nunca pudieron terminar. Lo que Gary no se esperaba era que fuese el único que no consiguió un lugar en el mundo capitalista. Sin embargo, en medio de la contrariedad, los viejos amigos se dan cuenta de que para salvar a su propio pueblo tienen que rescatar la humanidad de su propia amistad de antaño. 

En esta ocasión, Wright concentra completamente su película en un único personaje, en Gary King, encarnado por Simon Pegg, quien no solamente es la fuerza motora de este drama, sino que es el héroe caído en desgracia, que en la distopía característica de la ciencia ficción nuevamente se reacomoda, se readapta para convertirse nuevamente en el líder. El hombre que se hizo caótico vuelve a tener la posibilidad de estar al frente cuando el mundo progresivamente va hacia el caos. En la premisa de una extraordinaria aventura colectiva, que surge de un impulso lleno de nostalgia, poco a poco empieza a develarse una verdad estructural y conspirativa en la que la deshumanización se ha tomado la pequeña sociedad modelo del mundo. Pero también gradualmente esa sólida y atractiva base dramática se va derrumbando en la misma distopía, que se extiende y hace que los gags, característicos de la trilogía, empiecen a imponerse sobre la trama y el fondo de especulación social que hace parte como convención del género de la ciencia ficción. En las dos películas anteriores, las incidencias cómicas usualmente explosivas, por la vía de la acción física o de los diálogos agudos, la película logra atravesar mucho más limpia la tormenta del propio estilo de Wright. Sin embargo, aquí naufraga lentamente hasta el extravío absoluto, hasta ahogarse en su propio caldo, en su propia fórmula.

Sin embargo, el apocalipsis de Wright es un cierre coherente para su historia. La sensación, de cualquier manera, es la de que no queda más por hacer. De que todo se ha terminado. De que la historia de la amistad irrompible ha llegado a su fin. De que la saga de Wright no tiene más hacia dónde extenderse. Tal vez tenga que ver con que se ha terminado el tiempo para la comedia desenfrenada, al menos para aquella con la que Wright ha conseguido lanzarse al mundo, pero que poco a poco se extingue para su propia necesidad de expresar una condición británica que siempre respira en sus películas, que puede representar a su propia generación característica de la transición entre siglos y al mismo tiempo representante de una inmensa tradición cinematográfica enraizada entre la comedia y la farsa, en un inmenso panorama que se extiende más allá, pero con otras perspectivas, con otras necesidades expresivas que sin duda se mantendrían en la mirada de Wright, quien poco a poco empezaría a mirar más hacia el interior que hacia el exterior. 


sábado, 26 de junio de 2021

El amor viejo de 'Before Midnight' y la madurez romántica de Richard Linklater
















La extensión de las historias a través del tiempo nos hablan de asuntos que parte de la cotidianidad y se graban en la trascendencia espiritual misma. La trilogía ‘Before’, de Richard Linklater, no solamente se convirtió en un clásico del romance, sino en la narración de una generación que se hizo mayor en medio de la convulsión característica de la transición de los siglos. Celine y Jesse recorrieron las calles y callejuelas de Europa mientras desenredaban la madeja de su propia historia, de sus tiempos, de la vida y del amor. La tercera entrega de la trilogía, ‘Before Midnight’ (2013), nos vuelve a poner en el camino de Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy), que nueve años después de su segundo encuentro en París, viven juntos, tienen dos hijas gemelas y pasan el verano en el Peloponeso griego, con otros amigos diversos también emparejados. Jesse sufre la distancia con su hijo preadolescente allende el mar en Chicago, mientras Celine se hace consciente de la progresiva restricción a la que la empuja su condición de mujer en una sociedad machista y patriarcal. Los dos fundadores mitológicos del amor en la generación X van al sol a cambiar otra vez de piel o tal vez a la playa a morir como las ballenas. 

Con la vista puesta en el mar griego, Linklater envuelve la nueva ‘Before’ en una atmósfera de antigüedad mitológica, en la que sus personajes se extienden ajados como la arquitectura que los acoge. Los jóvenes que emprendían el viaje en tren, dieciocho años atrás, han llegado al límite del territorio europeo para mirar al horizonte marino, mientras se oculta el sol, y afrontar la noche con la marea alta, en la tormenta que suele traer consigo la conciencia de la vida que se vive y la que se ha vivido. Linklater retoma el vehículo conceptual del diálogo, ya bien identificado y presenciamos la vida de casados de la pareja, con sus dos hijas gemelas dormidas cabeza a cabeza en el asiento trasero (“parecen siamesas”, dice Celine), en los avatares propios de ser padres.  Después se plantan en el alto de la casa a la que están invitados, en las alturas que extienden infinitamente el mar, y dialogan sobre la vida y las relaciones con sus réplicas de otros mundos, de otros tiempos, en disertación filosófica de parnaso, como si el mismo Linklater regresara al origen de la filosofía y el drama que marcan su obra, para presentar a su pareja fundacional y cotejarla con los amantes que fundaron y fundarán nuevos pueblos trascendentes. Y desde ahí, bajan la montaña hasta adentrarse en el pueblo y la ciudad, otra vez recorriendo las calles y recogiendo sus pasos en la vida. Así descienden a su propio averno y se encierran para amarse reconociendo de nuevo los cuerpos que se han visitado por casi dos décadas en lapsos irregulares, pero se encuentran con la complejidad de sus propias emociones, con el dolor que es capaz de crecer al lado del amor, mientras la conciencia emerge con velocidad en medio de las palabras y nuevamente esa depuración les hace mudar la piel para enfrentarse a otro cambio del tiempo, al cenit de la luna en la medianoche. Linklater sabe encontrar y desencontrar a sus personajes para representar la formación de un nuevo suelo en el que van a plantarse para avanzar a una nueva etapa en la que volverá en amanecer, el atardecer y otra vez la medianoche. Linklater representa una generación de cineastas que transitó su juventud en el tránsito de los siglos, que nació en un mundo estacionario y de largas distancias para instalarse en la cabeza de un mundo en el que la aldea global también trae consigo la cruda realidad de que las distancias siguen siendo enormes, tras derribarse el velo de la cultura hegemónica.